Historia

Para encontrar las primeras noticias documentales acerca de Murieta es necesario remontarse al año 300. Siglos más adelante, hacia el año 1000, la localidad contaba con viñedos en los carasoles del monte, unos viñedos que, junto con los demás bienes raíces de la Iglesia de Santa María, fueron donados al monasterio de Irache en 1087 por Toda Aznar, viuda de Fortún López. El monasterio fue también titular de varios collazos y heredades en el término.
Murieta se mantuvo después como lugar de realengo. En el siglo XVIII la localidad tenía más de una cuarta parte de la población del valle, y junto con Etayo y Ancín trató en diversas ocasiones de modificar el sistema de distribución de contribuciones, que le perjudicaba. Hasta la reforma administrativa de 1846 perteneció al Valle de Ega, y pasó entonces a convertirse en ayuntamiento separado.
El tendido del ferrocarril vasco-navarro, a principios del siglo XX, llevó al pueblo nuevas oportunidades de trabajo y lo conectó de un modo mucho más intenso con el exterior. Se aceleraron así las transformaciones, que se han ido sucediendo hasta la actualidad.